La mejor manera de averiguarlo es asistir a uno de los Death Café que se organizan de forma regular.

¿Qué es un Death Cafe? Las miradas de la gente la primera vez que oyen el nombre de este movimiento global se muestran cuanto menos curiosas. Y las primeras palabras que salen de su boca son que habría que cambiarle el nombre, porque eso no vende. Y ese es el problema, porque a la muerte no hay que venderla, está ahí. Lo que hay que hacer es darle visibilidad, y quitarle esa gran carga de tabú que tiene, y que nos impide a menudo vivir con cierta serenidad y plenitud.

Descubrí el Death Cafe hace unos meses, y encontré en ese espacio una invitación a expresar y compartir las inquietudes sobre la vida y la muerte en un entorno distendido, confidencial y respetuoso con todo tipo de ideas y creencias.

A continuación, un poco de historia resumida: inspirado en el sociólogo suizo Bernard Crettaz y sus cafés du Mort, Jon Underwood y su madre Sue Barsky iniciaron los Death Cafes en el garaje de su vivienda de Londres en 2010. Desde entonces, se han llevado a cabo más de 11.000 Death Cafes en 74 países (https://deathcafe.com/).

Death Cafe

Las reglas de este movimiento global son sencillas:

  1. No se puede cobrar por llevar a cabo un Death Cafe, aunque se aceptan donativos.
  2. No hay un orden del día. Este punto puede sorprendernos, pero si participas en algún Death Cafe, entenderás que no es necesario, y que son los propios participantes los que van marcando la agenda del encuentro. Y por eso, cada Death Cafe es único y especial.
  3. Nadie es experto, lo que nos coloca en una situación de total igualdad. No hay nada más democrático que la muerte.

Es importante especificar que no son espacios de terapia ni de duelo. Como facilitadora me limito a presentar el proyecto, hacer la apertura de la sesión de dos horas tras una pequeña relajación de un par de minutos, asegurarme de que todos los asistentes tienen su espacio para expresarse, y procurar el cierre de forma amable y adecuada.

A raíz de la pandemia, empezaron a facilitarse los Death Cafes de forma virtual, y personalmente debo reconocer que tiene sus ventajas, aunque en ningún caso debería sustituir a los encuentros presenciales siempre que puedan llevarse a cabo. En mi caso, cada mes organizo dos, uno virtual al que todo el mundo tiene acceso desde su dispositivo, y otro presencial (salvo restricciones) en Málaga.

Mi sentir cada vez más claro después de cierto tiempo facilitando Death Cafes es que el ser humano necesita hablar de la muerte, pero la sociedad ha creado un tabú alrededor de ella. Y cuando la muerte nos visita de alguna forma en algún momento de nuestra vida, el conflicto que todos acabamos viviendo nos lleva a un gran sufrimiento.

Hablar de la muerte es hablar de la vida: cuanto más presente tengo mi mortalidad, con más intensidad vivo cada momento de mi vida. Yo quiero hacerme amiga de la muerte para que cuando venga a buscarme, al menos pueda mirarla de frente sin miedo. Y solamente podemos enfrentarnos a las cosas sin miedo cuando las conocemos. En los Death Cafes nos acercamos más a la muerte, nos hacemos conscientes de nuestra mortalidad física, y generalmente con mucho sentido del humor (algo que, debo añadir, sorprende a menudo a los asistentes).

Y no solo compartimos en estos Death Cafes conversaciones transcendentales y filosóficas, sino también charlas sobre cosas muy mundanas. ¿Cuántos de nosotros sabemos qué es, o hemos hecho un testamento vital? ¿Cuántos hemos informado a nuestros familiares de nuestra preferencia en cuanto a entierro, incineración u otras alternativas, una vez ya no estemos aquí? ¿Cuántos de nosotros podemos hablar abiertamente de este tema con nuestros familiares más cercanos? ¿Cuántos sabemos que hay otras opciones a la ceremonia religiosa, y a los cementerios tradicionales? ¿Es bueno llevar a los niños a los funerales, o es mejor dejarlos en casa?

Estas y muchas otras preguntas surgen en estos espacios en los que se brinda la oportunidad de compartirlas. No hay respuestas correctas ni incorrectas; aquí no tiene nadie razón, o la tenemos todos; no existe el blanco y el negro, y pronto descubrimos las infinitas tonalidades del gris. Y lo más importante, te vas del Death Cafe sabiendo que no estás solo, y descubriendo alternativas y otras formas de pensar que te enriquecen y te dan cierta paz.

Así pues, te invito a que participes en algún Death Cafe, para que puedas decidir desde la experiencia el valor de un encuentro así, y quizá encontrar ese espacio en el que compartir tu sentir y tu pensar respecto de la muerte… y de la vida.

Para terminar, adjunto el enlace a un par de artículos sobre algunos de los Death Cafes que he facilitado:

https://www.diariosur.es/malaga-capital/death-cafe-tertulia-muerte-malaga-20201027143157-nt.html

http://madrilanea.com/2020/11/12/un-cafe-negro-como-la-muerte-2/

En la vida no hay cosas que temer, solo cosas que comprender… Hablemos.

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Gracias a la vida, por poner en mi camino a todas las personas que me están ayudando a cumplir con mi propósito.

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